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Taekwondo, arte de respeto y disciplina

Taekwondo, arte de respeto y disciplina

Taekwondo, mi escuela, mi historia. Cuando a finales de 1980, obtuve el grado de cinta negra en el arte marcial del taekwondo no precisaba la repercusión que este arte tendría en mi vida a lo largo de los cuarenta y cinco años que lo he practicado.

Empezó todo como un aprendizaje de defensa personal y preparación física con miras a llevar una adolescencia sana, libre de vicios y malos hábitos, toda vez que el taekwondo es un deporte muy exigente que requiere de un cuidado personal adicional, para poder tener la energía necesaria a la hora del entrenamiento.

Colateralmente el manejar hábitos de disciplina, respeto y obediencia, fortalecieron más que a mi cuerpo, mi personalidad y carácter, pues el constante trabajo físico necesita ir de la mano, de principios y valores, para que pueda desarrollarse adecuadamente, tal y como lo consideraron sus fundadores en Corea, hace más de dos mil años.

Taekwondo, arte de respeto y disciplina

Recién graduándome de Abogado y encontrándome con la posibilidad de impartir clases de taekwondo, inicié un grupo, el que ahora cuenta con más cien de cintas negras, y en el camino con muchos campeones nacionales, algunos de ellos, medallistas Centroamericanos, Centroamericanos y del Caribe y Panamericanos.

Todo pues empezó con la idea de enseñar a otros lo que a mí me había regalado salud, bienestar y muchos logros deportivos. En esos años no contábamos con entrenadores internacionales, ni mucho menos con la posibilidad de intercambio con otros países, ni siquiera existía el Internet.

Estábamos completamente aislados de cualesquiera progresos, técnicas de combate o simplemente de los pequeños cambios que todo deporte sufre a través de su evolución. Todo pues dependía del sentido común y de un serio esfuerzo. Estoy seguro de que todo ello cimentó mi carácter para que, al día de hoy, luego de muchas competencias, con victorias y derrotas, pueda afirmar que un deporte bien practicado, más aún un arte marcial, y en este caso, el mío, nos conduce a ser mejores individuos, pues no es el USOP en Texas 2011.

Entrenador Equipo Infantil contacto real, las patadas y los golpes, el que lo define, sino la cortesía, respeto y caballerosidad que deben gobernar las acciones de todo aquel que se precie de ejecutarlo correctamente. Por supuesto que en su práctica el taekwondo puede aparejar lesiones, algún moretón y dolores de cuerpo, pero solo conociendo que es a través del trabajo físico que se fortalece el espíritu, podemos darnos cuenta de su verdadero significado.

Taekwondo, arte de respeto y disciplina

“No hay dolor, no hay ganancia” (No pain, no gain), dice un dicho anglosajón, y bien podría tener razón, pues si no hay esfuerzo, lucha y entrega, es sumamente difícil que se alcancen las metas propuestas.

Si se me preguntara que define al grupo al que enseño taekwondo, me atrevería a afirmar que no son los campeones nacionales que pudiera tener, sino la educación y el juego limpio que caracteriza a todos mis atletas. Por experiencia sé que muchos de mis alumnos, al día de hoy, no llegarán a ser cintas negras, y puede que aquellos que lleguen a serlo, oportunamente se retirarán del deporte; pero estoy plenamente seguro de que todos tendrán como común denominador que practicaron un deporte buscando la excelencia, que su carácter se vio fortalecido y que el respeto y la disciplina siempre fueron parte de su práctica.

La dualidad del taekwondo, como arte marcial y deporte olímpico, nos permite más fácil entender el espíritu que lo gobierna; como arte marcial el taekwondo representa un reto físico pero sus valores ancestrales, como lo son el respeto, la disciplina y la obediencia, son el abono de la semilla que germina y que convierten al verdadero exponente marcial en Seul, Korea, para el Primer Campeonato Mundial de Pommsae en un roble, un guerrero, que no obstante serlo, no por eso olvida que es un ser humano que debe y merece buen trato de otros.

Taekwondo, arte de respeto y disciplina

No se convierte en una buscapleitos, sino en una persona dispuesta a esgrimir la humildad como su carta de presentación. De allí que el olimpismo, haya abrigado al taekwondo, pues encontró en él, ese juego limpio y tremendo esfuerzo que caracteriza a todas las disciplinas olímpicas.

Quien practica un arte marcial no debe abusar de otros, eso sí, si ha de defenderse que envíe un mensaje claro: ¡No más abusos! La cortesía y la humildad nacen de la enseñanza y más aún del ejemplo, como maestro debo respetar a todas las personas, debo buscar más que formar al mejor peleador, formar a un mejor ser humano.

Por ello siempre insto a todos mis alumnos a seguir adelante, a estudiar y prepararse, a educarse, a respetar y conocer otras culturas, a desarrollarse en todos los ámbitos posibles, a viajar, pero, ante todo, a buscar ser buenos individuos.

Taekwondo, arte de respeto y disciplina

La práctica del arte marcial del taekwondo constituye una excelente herramienta para que una persona se desarrolle, para que el niño crezca; pero esa evolución positiva debe acompañarse de crecimiento personal, de estudio y de cultura. Solo desarrollándome integralmente puedo mandar el mensaje apropiado y ser escuchado.

Si el receptor, sea el practicante, el niño, el profesional o el amigo, cree y confía en sí mismo y en mí, solo y solo así, hará propio y creerá en lo que he dicho. Cuando me preguntan ¿cómo es el Taekwondo? Respondo que se trata de un arte marcial coreano de alto contacto, deporte olímpico, muy regulado, practicado por más de 60 millones de personas en 197 países.

Un deporte en donde se trabaja la flexibilidad, la fuerza y la cardiovascularidad, y por ende muy exigente físicamente. Pero que antes que todo, es un arte donde impera la caballerosidad y la obediencia.

La docencia me ha llevado a enseñar desde niños de tres años, hasta adultos de 60, practicantes de ambos sexos, de todas las edades, principiantes y avanzados, profesionales, comerciantes, hombres de negocios, todos bajo una misma lupa y medida, como lo son la excelencia, la humildad y el respeto.

Eso busco y buscaré siempre, hacer mejores a otros a través del arte marcial que Dios me ha regalado.

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