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La aflicción inducida por la violencia

La aflicción inducida por la violencia

Cuando mencionamos la palabra violencia, nos viene a la mente un cuadro de agresión dirigida hacia personas o animales en los cuales la víctima recibe un golpe (o varios), así como heridas causadas con armas de fuego y/o contundentes en el caso humano, así como golpes o disparos (sea en tierra, en el aire o en el mar) cuando el caso es hacia animales.

Pero, no siempre es tan evidente tal conducta, particularmente cuando queremos en esta nota, hacer referencia a ese diferente tipo de violencia que se causa o se recibe cotidianamente de modo psicológico, sea esta de tipo personal (en el caso de relaciones diversas de pareja), familiares, cuando el mal trato va dirigido hacia el cónyuge (masculino o femenino) o hacia los hijos (niños y niñas) y hasta hacia otros miembros de la familia como empleados o familiares que conviven dentro de la familia nuclear por razones varias; sociales (cuando los victimarios delincuentes pululan las calles y/o instituciones de servicio en las que se cometen arbitrariedades y abusos hacia los usuarios ciudadanos que inocentemente y con pocas probabilidades de responder en su defensa se ven rebasados por el desorden, la falta de respeto y la corrupción que con gran libertad desborda nuestras sociedades a lo largo del mundo).

La aflicción inducida por la violencia

Estos abusos afectan directamente a la población mundial en diferente grado provocando trastornos mentales diversos que inciden lógicamente en la salud mental de las personas, así como que, se convierten en causantes de años de vida sana perdidos, siendo responsables de un porcentaje (alrededor del 10%) de la pérdida de la tranquilidad, por ende, de la productividad mundial y de la felicidad a que todos tenemos derecho.

Se calcula que 34% de todas las discapacidades se deben a problemas relacionados con el comportamiento, como violencia, enfermedades diarreicas, desnutrición, tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, accidentes de vehículos de motor y otras lesiones involuntarias (fuente: adaptado del Banco Mundial, 1993), afectando directamente a la mayoría de las personas.

Desde el punto de vista existencial y que envuelve a la vida cotidiana, estos “ataques” psicológicos que las personas sufren en los ambientes descritos y que, debemos insistir, incluyen los actos de desvalorización de la persona, las decepciones por pérdida de figuras dignas de ser admiradas, repercuten en frustración que hace perder el “brillo del día” dentro de los seres humanos, de sus familias y de instituciones haciendo que las personas disfruten poco con lo que hacen provocando que se cometan más errores de lo habitual debido a ansiedades. Muchas veces no detectadas, pero que afloran en el actuar cotidiano de quienes inevitablemente, debemos desempañar cualquier labor o bien relacionarnos con otras personas.

El existir aflictivo sin duda alguna no permite el florecimiento ni la realización de nuestras metas y llega a ser tan imposibilitador, que ni siquiera facilita la apreciación de lo que deseamos y/o necesitamos para estar bien.

Esta situación dramática no siempre se atiende y las personas viven en su interioridad una falta de estima padeciendo variadas afecciones, como dolores de cabeza, alteraciones del carácter, sentimientos de desvalorización y en general una sensación de poco valor existencial.

Es nuestra responsabilidad fomentar en nosotros, en nuestros hijas e hijos, pareja, familiares, compañeros de trabajo y, en fin, con toda aquella persona que tengamos un grado de relación, la seguridad y confianza, a que se expresen con libertad cuando sus derechos como personas están siendo violentados por cualquiera, para de esta manera permitirse el derecho de ser adecuadamente guiados, o bien retirados de tal situación, para evitar consecuencias destructivas en su persona y familiares.

Permitamos que nuestros hijos e hijas hablen, se expresen, protesten y sean “sí mismos” para que con esa permisividad sea desarrollada una adecuada valorización de todos y sientan que existe un derecho inherente a su “ser humano” … que tiene el derecho de expresarse sin miedos imposibilitadores que perpetúan los abusos.

La vida es así… podría decir alguna persona dando por sentado que el “bien vivir” es inalcanzable; esto en realidad agudiza la tragedia. Cada cual debe proteger su existencia y ese derecho divino de crecer en bien y de tener acceso a mejorar en base a su propio esfuerzo para con esto respetarse y respetar a los demás, elemento indispensable para la convivencia en cualquier parte del mundo.

Resulta vital entonces que cada cual en la búsqueda de un mejor día, tome conciencia hacia la necesidad de utilizar mejores estrategias de vida; como por ejemplo, detectar que nuestra pareja abusa de alguna manera de nosotros, que las normas de seguridad en el quehacer cotidiano son indispensables para disminuir los riesgos (como poner más atención y enfocarnos en lo que hacemos) al movilizarnos en los diversos ámbitos, o bien en el interactuar con los demás sustituyendo la grosería por buenos modales; el entender que herimos a otros con un comentario negativo es muy importante, y sobre todo que con un poco de interés y amabilidad, podemos ser fuente de alegría para otros y por ende para nosotros mismos, cada vez que interactuamos con los demás. A veces una sonrisa basta.

El alcanzar un estado aceptable de salud mental se verá reflejado no solamente en el comúnmente contemplado “éxito social” o académico; en realidad estos son éxitos parciales en la vida.

La “realización” que anteponga el respeto por las personas y sus ideas, la contemplación del arte y el refinamiento de las cosas y de la naturaleza, el disfrute del quehacer cotidiano y ser parte de una acción que permita satisfacciones en otros, realizaría el ideal de una convivencia productiva en el sentido real de la humanidad.

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