EL SISTEMA DE SALUD EN GUATEMALA, ¿DEUDA SOCIAL?

por Relevancia Médica

Dr. Miguel Angel Siguantay Chanas
Msc en Cirugía General, Trauma.

En 1942 se inician las gestiones para la construcción de los trabajos de salud y saneamiento, es así, como de la mano de técnicos de Estados Unidos, constructores y mano de obra guatemalteca se inicia la construcción del Hospital Roosevelt, en lo que fuera Finca la Esperanza, hoy zona 11 de la ciudad capital, aportando el Gobierno de EEUU medio millón de quetzales (500,000.00), la parte técnica y administrativa, iniciando la obra a finales de 1944 a cargo del guatemalteco Héctor Quezada.

Posteriormente hubo cambios en el número de camas, el cual inicialmente era de 300, sin embargo, debido a las necesidades de la población, se elevó a 1,000.

Finalmente el 3 de enero de 1955, se dio a conocer el costo total de la construcción, el cual fue de Q 8,282, 831.33, aportando el gobierno guatemalteco el 87.65% del costo total, siendo la inauguración oficial el 15 de diciembre de 1955.

Hoy sabemos que el número sensable de camas dentro de las instalaciones del
Hospital Roosevelt es de 888 camas.

Es importante resaltar que la población guatemalteca en 1955, era de 3,180,000 habitantes, lo que contrasta fuertemente con la población actual, ya que éste año, 2018, es de 17 millones 360 mil 578 habitantes; esto significa que en 63 años, la población es más del quíntuple.

Este fenómeno de crecimiento poblacional, afecta de manera directa al guatemalteco que a diario llega al nosocomio tratando de restaurar su salud, sin embargo, la infraestructura de dicho hospital permanece casi de la misma manera que hace 63 años lo que hace imposible brindar una buena atención médica (que no tiene nada que ver con la competencia del profesional de la medicina) por varias razones: hoy en día el trauma y la violencia (crimen organizado, narcotráfico, maras etc..) ocupan más del 80% de nuestras camas en los diferentes servicios de encamamiento, por lo que es casi imposible que una persona con una patología benigna (hernias, colecistolitiasis, nefrolitiasis etc..) pueda ingresar por los canales establecidos en consulta externa; como recientemente le sucedió a una señora que consultó en la emergencia de adultos por cuadro de abdomen agudo, desde dos años atrás había estado llegando a la consulta externa, donde en dos oportunidades, se le habían vencido los exámenes de rutina que se requieren para su tratamiento quirúrgico, sin embargo su cuadro abdominal se agudizó y fue necesario ingresarla e intervenirla quirúrgicamente de urgencia, con todos los riesgos que en estas circunstancias pueden correrse, sucede todo lo contrario, cuando se ingresa y se interviene a una persona de una manera electiva, donde se prepara adecuadamente a las personas y se corrige con tiempo de anticipación alguna patología asociada, como por ejemplo la hipertensión, diabetes mellitus etc.., esto es apenas un ejemplo de miles de casos similares, porque sucede todos los días y en las diferentes especialidades con las que en la actualidad cuenta no sólo el departamento de cirugía del Hospital Roosevelt, sino en las diferentes áreas médicas.

Otro factor muy importante para no brindar la atención que se merecen los guatemaltecos, es el simple hecho de no contar con la infraestructura adecuada, ya que esta fue diseñada hace muchísimos años para tres millones de personas, para brindar una buena atención en ésa época, si se contaba con los espacios necesarios.

Sin embargo, en la actualidad donde el número de habitantes casi ronda los 18 millones, nos encontramos ante un panorama sumamente difícil, tomando en cuenta la gran cantidad de pacientes que a diario consultan dicho centro hospitalario, más, los que se encuentran hospitalizados por diferentes razones, muchos de ellos incluso, por largos períodos de tiempo, ya sea por la naturaleza de su propia enfermedad o por complicaciones durante su tratamiento.

Agreguemos a los pacientes que nos refieren otros centros hospitalarios por su alta complejidad, estas y otras razones, incrementaron en 5 años la demanda de salud en 10 millones de consultas y más del 80% debieron ser atendidas por el sector público, lo que fácilmente puede hace colapsar cualquier centro de atención de la red hospitalaria nacional.

Todo esto, hace que el desempeño de la labor del médico, sea verdaderamente difícil por la falta de espacios adecuados y por el exceso en el número de pacientes, que deberían ser atendidos, hora paciente, para dedicarle una buena parte de nuestro tiempo a todos sin excepción.

Aunque el número de camas sensables del Hospital Roosevelt es de 888, aquí no se ha tomado en cuenta el número de camillas (más de noventa y seis en urgencias de adultos) que se ocupan en las áreas de urgencias, donde la cantidad de consultas exceden la capacidad del número de las mismas, como sucede muchas veces en la emergencia de medicina de mujeres, donde incluso es difícil hasta transitar dentro del servicio por el hacinamiento de pacientes, a tal grado que en 2017, se registraron un total de 131,315 pacientes vistos en emergencia de adultos de dicho hospital, con un promedio mensual de casi 11,000 pacientes evaluados y atendidos.

Lo mismo sucede en los servicios de encamamiento, siendo uno de los servicios con más movimiento el de Cirugía de Hombres, que normalmente cuenta con 45 camas para el tratamiento de pacientes hospitalizados, sin embargo siempre amanece con un promedio de 55 pacientes que tienen que permanecer en camillas en el área del pasillo y adicional a esta sobre población, es necesario trasladar pacientes a otros servicios de otras especialidades por falta de espacio y entonces así, poder ser atendidos por el mismo número de médicos y personal paramédico.

El presupuesto asignado a los dos grandes hospitales de Guatemala, Roosevelt y San Juan de Dios para obtener los insumos necesarios para su funcionamiento, era del 36% del total del presupuesto asignado para toda la red hospitalaria, que suman 44 hospitales, porcentaje que aumentó para el 2016 a 41%, sin embargo, esto no es la solución de todo el problema, sino una parte del mismo, porque aun teniendo todo el recurso económico para poder operar, las necesidades de funcionamiento pueden ser satisfechas, pero no resuelve el problema, por lo que el incremento presupuestario no lo es todo, ni representa la solución de la crisis.

En conclusión, sabemos que el sistema de salud vigente está provocando un caos, más allá de la crisis inminente que afecta, tanto a la población de pacientes, como a los profesionales de la salud, al no tener todo el recurso necesario para brindar y recibir el mejor servicio.

Por lo que, no es solo más presupuesto lo indispensable, es necesaria una reforma del mismo, que llene satisfactoriamente las necesidades de todos los involucrados.

Se deben hacer cambios estructurales que resuelvan la crisis y el colapso que año con año se acentúa más, una transformación de raíz, a través de una reingeniería que brinde finalmente una verdadera solución.

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