¿Y si compramos una coma? Reflexiones en tiempo de pandemia

por Lucrecia de Benítez
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Entre las 10 películas más vistas en Netflix actualmente en nuestro país, “El Vendedor de Sueños” se encuentra muy bien posicionada.

 Puntualmente me impactó una frase al inicio del filme, en un momento crucial de la trama, uno de los protagonistas le pregunta al personaje central “¿Qué tienes para venderme?” y éste le responde “Una coma…para que sigas escribiendo tu historia.”

Hoy el mundo entero esta viviendo “una coma” para seguir escribiendo su historia…y que no sueñe que continuará su historia pasada; su historia después de esta pausa se reescribirá diferente y mejor.

Estamos en una crisis sin precedentes, en un mismo sentir la humanidad entera.

El mismo humano que se divide por razas, religiones, ideologías, políticas, culturas… hoy se encuentra en un mismo aprieto, definitivamente es un tiempo singular que nos habla y cuestiona como seres humanos, como familias y en el fuero interior de cada uno.

De cara a la enfermedad, la muerte, el desempleo, el hambre, la pobreza, regímenes titubeando entre salud y economía, el mundo tambalea. Pero qué decir del miedo, la ansiedad, la depresión, la ira, que se transforma en conductas diversas y destructivas.  Qué decir del tan temido encierro familiar, que ya no era acostumbrado y el parar de hacer y consumir, para justificar la existencia.

Qué tal si compramos “una coma”, hacemos una pausa y desde la fe que cada uno de nosotros profesemos, le compramos a “Nuestro Vendedor de Sueños”, un tiempo de reflexionar hacia adentro; que tal si nos detenemos y vemos que hemos andado de prisa, afanados, siempre corriendo, ocupados, entre ruido, movimiento, excesivamente informados, atrapados en las redes sociales, trabajando, incluso vacacionando con altas expectativas, luchando a brazo partido por hacer y tener para ser, para llenar las expectativas de un mundo que nos grita: come, viaja,  vístete, diviértete, gasta, a costa de sacrificar nuestros sueños interiores a los que ponemos en pausa. Creo verdaderamente que necesitábamos detenernos…

¡¡Es un buen tiempo para decirle a nuestros angustiadores basta!!

De decidir no sentirme perseguido por el miedo al fracaso, de reinventarme sin compromiso al éxito. Tiempo de buscar la raíz de mi enojo, de enfrentar mis traumas del pasado perdonar y perdonarme.

Tiempo de ver, que desde mis heridas he lastimado a otro…   Tiempo de saber, acompañado de Dios en mi soledad, el porqué de mis vicios y malos hábitos, de pedir ser sanado y decidir buscar ayuda.

Tiempo de redescubrir que todavía amo, que aún estoy a tiempo de conocer con los que vivo, tiempo de descubrir que aún puedo reír.

Tiempo de perderle el miedo a la aceptación, al quedar bien y darle la bienvenida a lo único y genuino que vive en mí.

Tiempo de descubrir que hay placer en el esfuerzo, en el caerse y levantarse, que el culto al hedonismo nos destruye, que es parte de la vida tener vacas flacas y que el tesoro más grande que tengo es mi actitud.

Que el activo más valioso es mi Ser único e irrepetible, y que necesito invertirle tiempo para reconciliarme conmigo mismo, dejando atrás la culpa, tomándola solamente como referencia de lo que ya no haré más. Dejando atrás mis rencores, pues son un veneno que me está matando y me puede enfermar el espíritu, el cuerpo y el alma.

En fin, queda en mis manos decidir como mi historia se dividirá antes de Covid y después de Covid.  Eso nos tocó como generación, no fue una guerra, no fue el holocausto, no fue un meteorito, no fue una inundación como en los tiempos de Noe…se llama Pandemia Covid-19, y yo me pregunto qué nos dejara de positivo, y qué me dejara a mí personalmente.

Decidamos parar de quejarnos, de criticar a los que hacen, paremos de hacer juicios, llenémonos de agradecimiento, de compasión, y volvamos nuestra fe en Dios, una realidad de esperanza, de confianza, de fuerza que alcance a los que comparten con nosotros.

Compremos una coma.

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