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Vivir hoy el día de hoy

por Relevancia Médica
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Hace algún tiempo se proyectó una película que si bien no era la primera ni será la última en tocar el tema de los viajes en el tiempo, es probable que sea la que más nos ha influenciado a considerar que es atractivo el tema. La película se llama “Volver al futuro”. Al verla todos piensan que eso es cuestión de ciencia ficción.

Déjeme decirle que no estoy de acuerdo. En mi posición de coach espiritual y todos los que desempeñamos el mismo oficio, podemos decir que no se trata de ciencia ficción, sino de una realidad cotidiana, o por lo menos que nosotros podemos ver cada vez que estamos comunicando algo a un grupo de personas.

No se necesita mucha experiencia para descubrir que aquella persona que parece observarnos, esa que está con los ojos entrecerrados y sin parpadear, inmóvil y de rostro inexpresivo, dejó su cuerpo sentado en la silla de la iglesia, pero su mente anda o está talvez a miles de kilómetros y es posible que a treinta años en el pasado o, tal vez, uno o varios años en el futuro. Y es que, ¡el cuerpo está limitado al tiempo y el espacio, pero la mente puede viajar en todas direcciones sin límite! Y recuerde…ambas cosas son la misma persona.

Alguien podría pensar que lo que estoy diciendo es una exageración sin fundamento. Creo que cambiaría de idea si considera que, la persona que viaja al pasado o al futuro, puede experimentar como consecuencia, emociones tan intensas que hacen que se manifiesten en su cuerpo signos como: aumentar el latido de su corazón, aumentar la presión sanguínea, dilatar la pupila de los ojos, provocar cambios en su ritmo de respiración, transpirar y muchas manifestaciones puramente físicas. A esto todavía podemos añadir que la misma persona con motivo del tal viaje, puede experimentar tristeza, cólera, amargura, miedo y muchas más emociones por lo general negativas.

¿Por qué otras veces vivimos en el futuro?

También debe haber muchas razones, pero se me ocurre que una de las principales es el miedo. El miedo a que ocurra un suceso que no nos agrada, nos transporta a ese momento que tal vez nunca suceda y lo vivimos una y otra vez. Ahora bien, el problema de no vivir hoy el día de hoy, o el momento en cuerpo y mente, es que echamos a perder el presente y la posibilidad de un futuro. Tenemos el hoy y este momento para caminar la jornada que nos corresponde a este día, y si no la caminamos, no tenemos esperanza de llegar a sitio alguno.

Para no vivir lo desagradable del pasado y alcanzar las situaciones que anhelo, tengo el hoy. Hoy tengo la oportunidad de hacer algo con la ayuda de Dios. Tenemos el hoy para disfrutar las cosas que ya alcanzamos o que Dios nos ha regalado. Mat 6:34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Claro que podemos hacer uno que otro viaje al pasado, principalmente, para vivir otra vez los triunfos y analizar que, en todo momento, Dios estuvo con nosotros, o para analizar la derrota y no volver a cometer las equivocaciones que en ese entonces cometimos. Y claro que tenemos que pararnos de vez en vez, a contemplar el futuro que queremos alcanzar. Pero para vivir la vida solo tengo el día de hoy.

La culpa se vence pidiendo perdón y la amargura perdonando, la expectativa de un futuro mejor se consigue uniéndonos a los propósitos divinos y el miedo a sucesos que puedan acontecer consiguiendo la conciencia que aquel que está con nosotros es más poderoso.

Pero hoy, solo tengo el hoy y este estado para disfrutarlo o para mejorarlo. Para abrazar a mi hijo o mi nieto que todavía se mete en mi cama, para arroparlo por la noche y verlo durmiendo plácidamente. Para acariciar a mi cónyuge ahora que todavía comparte conmigo su existencia. Para caminar, respirar, comer, oír, ver todas las cosas hermosas que Dios tiene preparadas este día para mí. Para vivir la vida de acuerdo a la edad.

El niño como niño, el adolescente como adolescente, el adulto como adulto y el anciano como anciano. Todas las edades tienen sus hermosas ventajas y también sus desventajas. Hoy tengo la oportunidad de vivir este día para todo eso… pero principalmente, para avanzar en aquello para lo cual estoy en este mundo.

El problema de no vivir hoy el día de hoy, o el momento en cuerpo y mente, es que echamos a perder el presente y la posibilidad de un futuro.

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