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Falta de límites

Falta de límites, un mal contemporáneo

Cada día me sorprende más la cantidad de niños diagnosticados con Déficit de Atención y en muchos casos con Hiperactividad.

Mi trabajo es en Educación Especial y al ser referidos dichos niños, puedo ver con certeza que no es una pastilla lo que el médico debe recetar, sino un programa de Límites y Disciplina que los padres deben tomar y aplicar junto a su hijo.

En principio, el niño pareciera sordo, distraído o incapaz de seguir instrucciones y, en muchos casos, irrespetuoso de las normas sociales básicas que no permiten su adaptación. En cuanto entran a la escuela son tratados con dureza, con voz fuerte, con tiempos fuera, etc. Hasta que llega el punto en que los maestros llaman a los padres y les piden visitar a un terapeuta, pues no logran conseguir conductas apropiadas por parte del niño y amenazan con decir que, de no hacerlo, su hijo no podrá continuar en dicho colegio.

Comienza entonces la romería de especialistas, de tratamientos y de colegios… así crecen y al comenzar la adolescencia su autoestima esta mermada, pero continúan beligerantes y con problemas serios: académicos, conductuales y sociales. Pero, ¿sabe usted cómo estos chicos se sienten? Déjeme contarle, a grandes rasgos, que se sienten frustrados, inútiles, inseguros, rechazados, con enojo e infelices, aunque lo disfrazan mostrándose arrogantes, groseros, exigentes, mal agradecidos, egoístas y muchas veces crueles, lo que los hace rechazables por las personas correctas y aceptados por chicos problemáticos.

La causa principal de este mal contemporáneo es la FALTA DE LÍMITES, estos niños desconocen hasta dónde pueden llegar y no saben qué se espera de ellos, desconocen las consecuencias de sus actos y saben mucho de manipulación. No conocen las palabras: NO, BASTA, MÉRITO, CASTIGO, HORARIO, RUTINA, RESPETO, ESPERAR y otras muchas que nos hacen crecer sanos y seguros.

Niño frustrado

Pareciera que entró en moda una obsesión por los hijos, por la malentendida búsqueda de la felicidad a través de dejarlos hacer lo que les venga en gana. Hay muchos padres laxos, todo lo dejan pasar con tal de evitar la confrontación, en aras de la felicidad momentánea, relajados, que odian disgustar a sus hijos buscando conductas amigables y de confianza extrema, olvidando que: los padres somos una relación única en la vida de un hijo y que amigos habrá muchos.

Algunos otros manejan culpa pues no pasan tiempo con ellos y lo poco que están juntos no quieren arruinarlo exigiendo, poniendo reglas, corrigiendo, simplemente, quieren pasarla bien. Otros sienten culpa por situaciones particulares (alcoholismo, economía precaria, por ser padres solteros, etc.), la culpa la remedian dando hasta lo que no tienen a sus hijos y no negándoles nada.

Otros manejan lástima proyectando su infancia y queriendo hacer con sus hijos lo contrario que ellos vivieron, bajo lemas como: “que tenga todo lo que yo no tuve”, “yo no seré autoritario como mi padre” “seré el mejor papa, a mí me abandonaron”, etc.

Sin pensar que su hijo vive otra situación absolutamente diferente a la suya en otro contexto, ni usted es su papá, ni su esposa su mamá y es otra época; revise el calendario. La lástima al criar a los hijos es más común de lo que se cree. Se puede deber a enfermedades que haya padecido el niño, incluso haber sido prematuro, haber venido en un momento difícil familiar; también si lo vemos indefenso o con una minusvalía evidente, o si le tocó vivir situaciones traumáticas (un secuestro, una muerte, etc.) o no haber deseado al niño en sus inicios, etc. El problema es que pueden quedarse para siempre queriendo remunerar lo que ya pasó, anidando sentimientos de compasión por el niño, que llevarán a consentirlo, sin ponerle limites que puedan contenerlo.

¿Pero qué hacer?

Niña feliz

Partir de que entre, más temprano, será menos difícil retomar el terreno perdido. Pero si usted toma la decisión ahora, prepárese para la batalla en la que se requerirá constancia y firmeza. No se arrepentirá. Antes de hacerlo confronte su pasado a la luz de Dios y si necesita ayuda, búsquela:

  • Comience por reconocer que lo ha hecho mal y perdónese, fue en el nombre del amor paternal y porque desconocía lo nocivo que a futuro seria. No eche culpas, solo perderá el tiempo. Experimente el perdón de Dios.
  • Educar es incómodo, salga de su línea de confort.
  • Haga un frente en común con su cónyuge, un reino dividido es débil, apóyense, aunque después rediscutan el asunto en privado, pero no frente al chico, sacará ventaja de la división.
  • Pongan reglas claras acordes a la edad, y no las renegocie cuando hayan sido incumplidas, póngale consecuencias al incumplimiento de las mismas.
  • No premie por todo, ni constantemente diga que es el mejor de todos y en todo. Ante el verdadero esfuerzo hágalo, para que entienda sobre el mérito y la satisfacción.
  • Los niños deben saber esperar. No les dé el mensaje equivocado que son los reyes del hogar. Primero van los adultos, los niños deben ser gentiles y educados. Antes de ser reyes que aprendan a ser príncipes, desde la cuna tómese con calma el tiempo necesario para alimentarlos.
  • No suprima las sanciones y sea creativo con los castigos, varíelos. La palabra NO, no trauma si se utiliza en su momento. ¿Cuántos le han dicho no, en su vida? Revise los mandamientos de la ley de Dios.

En fin, asuma el conflicto de corregir, imponga límites y rutinas que se respeten, recuerde que las reglas de cortesía están de moda, al igual que las profesiones de fe en Dios, llévelo a la iglesia. Su hijo debe saber con claridad quién manda en casa (no estoy hablando de quien grita y golpea en casa), ellos saben bien distinguir entre un abuso y la disciplina de quien los ama, y la recordarán el resto de su vida y hasta querrán repetirla.

Todo humano debe conocer sus límites, sus derechos, pero también saber sus obligaciones. Si no los aprendió arruinará su vida y las de los que compartan la suya, pues estará acostumbrado a obtener aquí y ahora cuanto quiere, a cualquier costo, pues no sabe manejar la frustración ni postergar placeres. No continúe dejándolo hacer lo que quiere en cualquier lugar y a cualquier hora, pues el niño así criado en su interior será inseguro, no conocerá sus propias necesidades, su identidad será borrosa pues nunca peleó por nada ni estuvo normado, e igualmente le dimos de todo, confundiéndolo de por vida.

Platique, haga que se esfuerce, corrija, postergue un premio, explique a su nivel, porque usted lo debe corregir y usted mismo: concluya que esta batalla es por amor y con amor, además será su verdadero legado.

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