“La honestidad es la mejor forma de actuar. Si pierdo mi honor, me pierdo a mí mismo.”
William Shakespeare
¿Entre las necesidades humanas existe también la necesidad de moralidad? Se pregunta Serafini. Y responde positivamente, al demostrar la imposibilidad que tiene la persona humana de realizarse sin una filosofía de la vida; se afirma según Maslow, que la persona se autorrealiza en cuanto elige, decide, proyecta, construye en armonía de un mundo de valores, que necesariamente se traducen a “conducta”, al ser “virtuoso”.
El fundamento filosófico en que se debe apoyar nuestra relación diaria, tiene un eje central que es el respeto a la vida, a la libertad, la honestidad en nuestras acciones y a la dignidad del hombre; todo esto compete a la Ética.
Esa búsqueda continua de lo justo, de lo noble, de lo digno, de lo bello. La Ética no debe ser un patrón que imponga, restrinja y castigue, sino el resultado de una reflexión interior, con muchas modalidades de pensar y de actuar que respetan la vida digna.
En la profesión médica esto se concibe como “El espíritu de servicio, que persigue el beneficio del paciente antes que el propio, y para lo cual se requiere que las partes garanticen, la producción, el uso y la transmisión del conocimiento científico, la mejora permanente para prestar la mejor asistencia posible, la aplicación del conocimiento de forma ética, competente y que la práctica profesional se oriente hacia las necesidades de salud, de bienestar de las personas y de la comunidad.”
Personalmente considero que cada uno poseemos valores sobre los que se sustentan nuestros principios y que dan sentido a nuestra vida. Valores como la honestidad, integridad, responsabilidad, lealtad, compromiso, entre otros, que son los que se van adquiriendo o reforzando a lo largo de nuestra existencia y en ellos se basan nuestros comportamientos. Por tanto, ir en contra de nuestros valores supondría, entre otras consecuencias, una incoherencia total entre lo que creemos, lo que somos y cómo actuamos.
Según Tuning (2013) el médico egresado de las universidades de Latinoamérica es un “profesional integral con formación científica, ética y humanística…” y en el cual describe las competencias que los caracteriza, siendo una de las acordadas en consenso, la aplicación de “principios éticos…en la práctica de la medicina”. Es por eso que la asistencia médica como acto plenamente humano posee una esencial dimensión ética, que le imprime su particular sentido y es el fundamento de la profesión del médico.
Con este artículo pretendo determinar que si bien, es cierto, que todo trabajo dignifica a la persona, los profesionales en medicina debemos tener siempre nuestro norte claro en las acciones que hacemos cotidianamente, para prevenir, curar, investigar, entre otros, para salvar vidas. Además de cumplir con nuestra labor, debemos procurar el bienestar en nuestros pacientes, considerando el bienestar como la búsqueda constante de una buena existencia humana.
Como sabemos, la medicina es una de las profesiones más antiguas, de condición científica y respetable, cuya función social humanitaria le imprime el más alto rango de aproximación a la existencia del ser Humano. ¡Vaya tarea! Hemos aceptado el “reto”… por lo que motivo a orientar siempre nuestras acciones a la integralidad de nuestro “ser”.
“Esforcémonos en obrar bien: he aquí el principio de la moral.” Pascal.