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DAR ES LA MEJOR MANERA DE RECIBIR

por Dr. René Fonseca Borja
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A doña Silvita, por su inmensa labor desprovista de egoísmo para quienes necesitan ayuda a través de Rekko.

Rekko es un centro asistencial en Antigua Guatemala que ayuda a las comunidades rurales ofreciendo servicios médicos y  educación.

Fue una entrevista maravillosa porque entendimos que quien da sin recibir nada a cambio, no puede ser otra persona que aquella que cree en Dios y sabe del dolor que abraza a los desamparados; por eso hemos tomado como musa para escribir su historia, que se resume en el convencimiento de ayudar al necesitado sin limitaciones.

Su experiencia ha sido en muchos lugares por su corazón dictadas, con caminos paralelos que la orillaron a trabajar operativamente en el campo de la salud, y luego a un espacio no pedido pero necesitado, fortaleciendo sus mañanas y moldeando su carácter inquietante, para escoger un camino bendecido por Dios, sin límites visibles.

Sus actos cotidianos son metódicos, aunque no divulgue en lo que se ocupa, pero es un ejemplo visible como la imagen que se refleja en el espejo; la tristeza de quien la busca se pierde en la palma de su mano y se transforma en energía del mañana que brilla en sus ojos.

Su convencimiento del camino que ha tomado con dirección positiva se multiplica en la mente y el corazón de quien con esperanza la busca, porque sabe que su interés no es mezquino y le dará un impulso fresco, para luchar en este mundo que retuerce la verdad y empaña la conciencia.

Conoció a muchos que se ocuparon de la supuesta ayuda a sus congéneres, con recursos disponibles producto de impuestos que la ciudadanía paga, pero que nunca llegaron para calmar la necesidad que se vuelve permanente, pero ella, cualquier recurso lo ha utilizado para ayudar, a veces, haciendo de padre y madre.

Mañana será otro día en el que, al Altísimo, todos rendiremos cuenta de lo hecho y, ella sabe que se verá reflejada en el aire que respiran aquellos que ayudó, porque indisoluble quedará su recuerdo que construyó en varios años, dando más que recibiendo, mucho de lo que tenía, no lo que le sobraba.

Está consciente que la soledad, su eterna compañera, la extrañará cuando se vaya, el necesitado que ayudó orará porque Dios la tenga a su lado sonriendo, y pondrá en práctica su bondad, como la compleja esencia de dar sin recibir, privilegio de personas como ella, que hacen historia en cada ayuda realizada.

Nos enseñó que la ayuda al necesitado puede ser verdadera, sin tapujos ni condiciones y que, para ayudar sin importar a quién, hay que dedicar la vida, el tiempo, la energía y recursos, a veces convirtiéndose en padre y madre; el caso de doña Silvita, como la suelen llamar, su temperamento, su autoridad y vehemencia al hacer las cosas le han dado su lugar en la historia que nadie cuenta, pero que es un honor hacerlo porque es una alma guerrera que empeña su vida diariamente, en esa hermosa acción de ayudar al prójimo.

Valoramos la admiración que produce su historia, porque para ayudar a alguien hay que tener sentados firmes objetivos, que se apoderen del alma para sentir el dulce de los actos verdaderos, sin mediar nada que no sea la satisfacción de haber vivido compartiendo.

Guatemala, 23 de mayo de 2016
René Fonseca Borja, Ecuador

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