Covid-19, efectos de una crisis

por Dr. René Fonseca Borja
Efectos de una crisis

Incertidumbre

Los caminos ahora son desconocidos, porque nos quedamos en casa y nos sabemos lo que está pasando afuera, excepto por las noticias que, dichas de tantas formas, se vuelven poco confiables. Las redes sociales dicen lo que a la gente se les antoja, incluso con malicia. En algunos casos con humor, pero generalmente se distribuye información creada, que no es oficial y mucha gente la comparte generando más confusión e incertidumbre.

Si bien las redes sociales nos permiten estar cerca de la familia, incluso mirarnos así estemos lejos, es una maravilla y un aliciente para el espíritu. También es un medio de abuso de quienes buscan el caos. Hay gente de todos los calificativos, esto denota el deterioro de la sociedad y la ausencia de sensibilidad de muchos, frente a sus congéneres.

Solo viendo las noticias, no entendemos lo que la gente siente: unos que han experimentado el dolor de ver a sus familiares, vecinos o amigos enfermos, porque les atacó el coronavirus, otros que han perdido a sus seres queridos por la misma razón, creando un malestar, porque nada es comparable entre el dolor y la noticia, menos el encierro, con el efecto emocional que invade la mente de la gente que deja que el miedo se apodere de su razón. Algunos han pasado del miedo al pánico, incluso han tratado de suicidarse o mostrar que ya no les importa nada y salen a la calle a encontrarse con el coronavirus, con un desenlace fatal para todos.

Es natural el miedo a lo desconocido. Si hay guerra sabemos qué es lo que pasó y conocemos por las noticias quienes están en guerra, eso permite dimensionar quién viene y su poderío. Ahora cada uno se defiende, sin saber a qué se enfrenta. Se ve que los adinerados, compran provisiones dejando al pobre que se muera de hambre, pero no pueden comprar la vida si les tocó enfermarse, solo serán una cifra más entre todos, sin que sus recursos les sirva para tener una muerte distinta en su efecto, es lo mismo para todos, esta pandemia no toma en cuenta nada, no hace diferencias y ataca del mismo modo sin distinción. Irónico, pero es lo más equitativo que he visto en mi vida.

La incertidumbre es ese algo que te oprime y te degüella si no la dominas, pero afuera escondido está un virus fatal que quiere adueñarse de tu vida y tu familia. Necesitamos hacer todos lo mismo, según las reglas sociales impuestas por el gobierno, que busca una solución para evitar el contagio y muerte de los ciudadanos, pero el miedo y la desobediencia incrementan los fallecidos y el dolor se pasea por las calles donde hay aglomeración.

La cura

Vacuna Covid-19

Nada se sabe al respecto, incluso hay acusaciones de países contra organizaciones porque se tardaron en informar que era una pandemia. Algunos prepotentes que gobiernan, han cometido los mismos errores porque nadie estaba preparado, ya que su accionar se encaminaba a buscar la forma de llevarse la riqueza de los gobernados. Se ha informado, incluso que, en esta pandemia, también aprovecharon para subir los precios de elementos fundamentales, sin importar la condición del país, solo el saqueo, so pretexto de autoridad absoluta.

Sin embargo, existen los científicos que están trabajando para encontrar una vacuna que sane la enfermedad, aunque sabemos que tardarán por lo menos un año, para que las poblaciones de todo el mundo puedan regresar a su normalidad, aunque no será así, porque todos tendrán en la mente, la distancia social. Los médicos y enfermeras se han vuelto los héroes de la pandemia, ya que poniendo en peligro su salud, están cuidando la vida de los ciudadanos, aunque no tengan la colaboración que necesitan, sin medios necesarios y los de siempre, reclaman más de lo que esos héroes están dando, a pesar de la poca importancia y prestigio en el mercado.

Los efectos emocionales

Nos ha salvado la vida el mantenernos adentro, pero hemos perdido ese contacto con todos, no habrá más abrazos, no habrá más saludos con un apretón de manos, todo será virtual; se quedará pendiente ese abrazo con los abuelos que los niños, tanto amaban.

Hemos ganado un espacio de tiempo para ratificar nuestro comportamiento y valorar el compartir con la familia, porque estábamos empeñados en el trabajo o simplemente fuimos copiando el actuar de otras personas que muestran lo que no son. Ahora podemos rectificar todas esas cosas, es el momento de atender y entender algunas cosas de nuestra familia y disfrutar de lo que no pudimos en el crecimiento de los hijos, del amor a la pareja y a los suyos.

Entendimos que nada es imposible, porque el ser humano puede cambiar y ser lo que en verdad es, porque su esencia es buena y constructora, pero nos desviamos y hemos hecho mucho daño a la tierra, a nuestro entorno y a la familia.

Tiempo de aprender nuevas costumbres, de ratificar aquellas que no eran compatibles con el comportamiento de los demás, aprender que cada persona es un mundo diferente en su interior y en sus sueños. Es ese tiempo para entender y aceptar a cada uno, como es.

Las lecciones aprendidas

Nos hemos dado cuenta de que el poder no vale nada, que las guerras no son con armas y estrategas únicamente. La riqueza no puede evitar la muerte, la prepotencia no nos lleva a nada, la solidaridad es necesaria, el miedo nos pone a ciegas como si no tuviéramos luz, la compañía evita la desesperación y el pánico.

Ahora sabemos que la solidaridad es primero con la familia y los que en verdad necesitan, y no es la representación de lo que no somos. Todos sabemos que no es tan fácil, porque la parte económica nos aprieta y nos desconsuela, porque hay muchos que trabajan para alimentarse y vivir ese día. Habrá muchos cambios que nos darán mejores tiempos, siendo mejores personas.

La oportunidad de estar junto a la familia siempre estuvo allí, para ver las costumbres de los nuestros. Estamos presos del enemigo invisible, porque afuera se encuentran hospitales atestados y si alguien está enfermo, no le atienden y de igual modo la muerte le espera por los índices elevados, porque no estábamos preparados.

Las reglas sociales ya no serán como antes, jamás contemplaron la justicia. Quizá entendamos que la opresión, el soborno, la corrupción lo único que hace, es deteriorarnos y descomponer la sociedad, volviéndola menos humana.

Le damos importancia al miedo que fabrica tempestades en nuestras emociones y reacciones que pueden herir a nuestros semejantes, que requieren de nosotros como nosotros de ellos, debemos valorar a quienes hicieron la economía y el mundo en el que vivimos, los ancestros.

Es hora de que el ser humano entienda su rol en la tierra y en la sociedad, dejando de aprovecharse unos de otros, sino aprendiendo a servir unos a otros, dejando de hacer daño a lo que nos da vida y pelear siempre la única batalla que vale la pena, la batalla por la vida y la libertad.

Dr. René Fonseca Borja

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