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Tentaciones que enfrentan las mujeres

Tentaciones que enfrentan las mujeres

Las mujeres también tenemos tentaciones. Les comento que conocernos y entendernos a nosotras mismas, es un paso muy importante para nuestra evolución como seres humanos.

En muchos de los casos, cuando nos miramos interiormente nos damos cuenta cuán poco sabemos de nosotras, pues vamos introyectando pensamientos y deseos de otros que nada tenían que ver con los nuestros… y entonces nos vamos perdiendo en el mapa, como aquel grano de arena que se pierde en el mar.

¿Nos hemos hecho alguna vez en la vida un autoexamen? Creo que la mayoría podemos responder “sí” a esta pregunta: antes de ir a un examen en el colegio o en la universidad, me autoevaluaba sobre el contenido de lo que estudiaba; también cuando me palpo mensualmente para descartar alguna protuberancia en mi busto; además cuando reviso mi presupuesto.

Sin embargo, en esta oportunidad me refiero a entenderme, a conocerme y a aceptarme; a saber, qué es lo que me hace feliz, cuáles son mis aspiraciones actuales, que vacíos existenciales tengo, qué objetivos aún están pendientes en mi lista de cumplir, a reconocer si estoy satisfecha con mi pareja, a detenerme y pensar si me gusta el orden de mí casa o este es una forma sutil de mostrar el desorden interno en el que me encuentro.

En fin, sobre estas cosas esenciales de la vida, hoy las invito a ver hacia adentro. Especialmente porque conocernos y entendernos a nosotras mismas, es un paso muy importante para nuestra para nuestra plenitud en la vida.

El no conocernos nos hace vulnerables, además cuando no estamos en contacto con nuestras emociones, con nuestros propios pensamientos y con lo que somos, es más fácil que caigamos en la utilización de distractores porque tendemos a llenar un vacío de manera que solo calmamos el síntoma, pero no vamos al fondo, nos perdemos en la vida y de la vida como el granito de arena en el mar.

Ahora vamos mar adentro, ¿qué es una tentación? Según el Diccionario Básico de la Lengua Española: “Impulso o estímulo que induce a hacer algo que no se debería hacer.”

Pero… ¿Qué es lo que no deberíamos hacer? ¿Cuál es ese impulso que nos lleva sin control a cortar el sufrimiento? Aquí van algunos ejemplos. Ahora, el ejercicio que te invito a hacer es que cada una nos auto examinemos.

Hablemos de algunas tentaciones que enfrentamos las mujeres:

Llenar el vacío con otras cosas

Si pensamos que no valemos lo suficiente para ser amadas, respetadas o tomadas en cuenta, entonces podemos tender a llenar nuestro vacío con otras cosas o bien adoptaremos estereotipos con tal de llenar nuestra necesidad de aprobación. Entonces, ¿Qué pasa con nosotras, cuando ya no aguantamos esa descalificación impuesta por nosotras mismas o por los demás?

Llenar el vacío con otras cosas

Respuesta: hacemos mil cosas para sentir que valemos buscando que nos califiquen por lo que hacemos en lugar de por quiénes somos, nos comprometemos más de la cuenta diciendo sí a todo, terminando resentidas y extremadamente cansadas. En otros casos, nos involucramos en relaciones no sanas permitiendo abusos en el trato, casi pagando una cuota para que estén con nosotras.

También podemos tener la tendencia a trabajar en forma exagerada para estar ocupadas huyendo de nosotras mismas y de nuestros problemas, obteniendo dinero, posición, valoración, pero entonces como ya tenemos dinero suficiente creemos que adquiriendo todo aquello que hemos anhelado nos sentiremos contentas, pero resulta que después de haber comprado nos sentimos solas y vacías… y en el peor de los casos hasta manipulamos a nuestros hijos, para que sean perfectos, o bien, les pasamos las facturas por todo lo que hemos hecho por ellos.

Concentrarnos en la comida

Ésta es otra tentación en la que caemos para llenar vacíos. Como nos hace falta algo, pero no sabemos qué es, entonces probamos con salir a compartir una vida social y comer fuera, a veces gastando más de lo que nuestro presupuesto permite.

Concentrarnos en la comida

¡Pero sentimos que necesitamos comer esos deliciosos chocolates, golosinas, helados, pasteles y pan! Lo peor de todo esto no es comer sino el sentimiento que nos genera, porque después de haber comido nos empezamos a lastimar, diciéndonos cosas como: “¡Qué gorda!” o “¡Me siento culpable de haber comido tanto!”.

La culpa se convierte en un látigo que nos hace sufrir y nos hace vernos como no dignas de ser amadas y, por lo tanto, menos deseables. Si este es tu caso, recuerda que lo que haces diariamente determina en lo que te conviertes.

Dejar que la ira nos consuma

Dejar que la ira nos consuma

La ira es una emoción que nos puede llevar a no saber qué nos pasa, nos tornamos irreconocibles, no sabemos qué hacer con esa emoción tan desagradable y después nos arrepentimos de cosas que no debimos decir o hacer, y además lo más triste es que empezamos a sembrar un árbol con una fuerte raíz que se llama amargura. Pensemos que cada una es responsable de hacer con la ira lo que desee, pero que cada acción tendrá una reacción en los demás que quizás nos puede aislar, llevándonos al rechazo de los demás.

Distorsión sobre la intimidad

Estos son pensamientos entorchados que pueden ir más o menos así: “este hombre me va a hacer feliz”, “Él es el Príncipe Azul en el cual pondré todas mis esperanzas de felicidad” esta clase de pensamiento distorsionado nos hace sentido cuando no estamos seguras de nuestras habilidades y talentos, porque la felicidad viene de adentro de cada persona y no depende de otros.

Distorsión sobre la intimidad

Otro pensamiento distorsionado es: “la sexualidad es algo malo.” Les cuento que la mujer es un ser sexual, la sexualidad le permite perpetuar la especie, pero también disfrutar de una vida plena, adulta, normal y saludable. El hecho de que disfrutemos de las relaciones sexuales con nuestra pareja no nos hace malas mujeres; todo lo contrario, nos permite vivir a plenitud.

Si este es tu caso recuerda: cuando las mujeres perdemos contacto con nuestros sentimientos sexuales somos más vulnerables a tentaciones sexuales súbitas. Necesitamos reconocer que somos seres sexuales con sentimientos sexuales. Ahora viene la parte más interesante de esta conversación que nos puede ayudar a no caer en tentaciones, sino ir hasta el fondo de nosotras mismas y resolver desde allí:

  • ¡Desarrollemos amor por nosotras mismas! Mantengamos un amor íntimo con nosotras, perdonémonos, seamos buenas con nosotras, digámonos palabras edificantes, seamos constantes en nuestro aprecio por nosotras… Es algo así como “gustarnos” también como “caernos bien”. En resumen, es la aceptación de nosotras, con nuestro físico, nuestra mente y nuestra alma.
  • ¡Brindémonos tiempo! Conozcámonos, hagamos cosas que nos gusten, crezcamos, estudiemos, usemos nuestra creatividad, hagamos ejercicio, tengamos contacto consistente con Dios, escuchemos buena música, hagamos viajes con nosotras mismas, comprémonos algo bonito, démonos regalos, vayamos al salón, démonos un masaje relajante, leamos un buen libro.
  • ¡Seamos auténticas! Esto quiere decir, ser la misma persona en cualquier tipo de relación, a pesar de las diferentes demandas que tengamos que enfrentar. Para saber si eres auténtica, te invito a preguntarte a ti misma, por ejemplo: ¿tratas a tu pareja igual cuando estas frente a tus amigas y/o tu jefe?.
  • ¡Construyamos Autoestima! Démonos a la tarea de conocernos y saber que somos aptas. TODAS hemos nacido para algo, ¿sabemos cuál es nuestro propósito? Aceptemos la idea de que tenemos derecho a estar contentas, a reír a carcajadas, creámonos merecedoras de la felicidad. 

A continuación, tres formas de enfrentar las tentaciones:

  1. Combátalas: ¡deles guerra!… acabe con ellas antes de ellas acaben con usted. Tendemos a dejarlas en el inconsciente, encerrándolas en un ropero y le ponemos clavos en la puerta.
  2. Sea valiente: ser valiente significa que se puede tener miedo, pero enfrentamos la situación y hasta visualizamos, cómo ciertas decisiones que tomemos podrían afectar nuestra vida.
  3. Mirar y observar la tentación como un síntoma y preguntarnos que nos dice su presencia de nosotras mismas.

Hoy las invito a repetir estas tres premisas de vida: ¡Valgo, Pertenezco y Soy Capaz!

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