Mitos y realidades de las vacunas contra el COVID-19

Mitos y realidades de las vacunas contra el COVID-19

La pandemia por COVID-19 ha causado mucho daño a nivel mundial, reportándose hoy más de 176 millones de personas afectadas por dicha enfermedad; finalmente luego de las distintas dificultades que hemos tenido a lo largo de más de un año, llega una luz de esperanza para terminar con la pandemia: las vacunas.

 Ahora que contamos con estas, es alarmante encontrar cifras tan bajas de vacunación en Guatemala, ya que únicamente un 0.81% de la población se ha vacunado. Pueden existir distintas razones que justifiquen el por qué nuestra tasa de vacunación es tan baja, como: la poca oferta de vacunas y la organización para la administración de estas; pero lo más lamentable es, que una de las razones sea simplemente el no querer vacunarse, ya sea por miedo o por información errónea que se tiene acerca de las vacunas.

Algunos de los mitos o conceptos equivocados que tenemos de la vacunación son:

  • La vacuna cambia mi ADN: En la actualidad existen dos tipos de vacunas, aquellas que utilizan ARN mensajero y las que utilizan vectores virales; ninguna de las vacunas modifica ni cambia nuestro ADN. Las vacunas funcionan brindándole instrucciones a nuestras células del sistema inmune, para enseñarles cómo protegernos y cómo producir defensas contra el virus SARS-COV2 causante de la enfermedad por COVID-19, y por lo tanto no interfieren de ninguna forma con nuestro ADN.
  • La vacuna me puede infectar o causar COVID-19: Las vacunas no utilizan virus vivos, por lo tanto, no producen la enfermedad, y como mencionamos previamente, lo que hacen es enseñarle a nuestro cuerpo a defenderse contra la infección.
  • Por medio de la vacuna me van a “insertar” un chip para controlarme, o que las vacunas causan infertilidad y que son un método para controlar la sobrepoblación mundial. Ninguna de estas creencias es real, ni tiene fundamentos científicos.

Existe el temor a los posibles efectos adversos secundarios a la vacunación.

Un dato importante de la vacunación es que las reacciones alérgicas graves pueden ocurrir en 2 a 5 personas, por cada millón de dosis aplicadas. Sin embargo, los efectos o secuelas que pueden ocurrir posterior a la enfermedad por COVID-19, son mayores y más frecuentes, se ha documentado una afectación importante en la calidad de vida de las personas, desde secuelas psicológicas como la depresión y ansiedad, hasta limitaciones importantes en sus actividades diarias, con un daño importante en su función pulmonar.

Existe una inmunidad natural causada por la infección por COVID-19, por lo cual muchas personas creen que, por haber padecido la enfermedad, no deben vacunarse. Aún no se conoce cuanto tiempo dura esta inmunidad y ya se han documentado casos de reinfección por COVID-19, por lo tanto, la recomendación es vacunarse, independientemente de haber o no padecido la enfermedad, únicamente con la consideración de esperar 90 días posterior a la infección para hacerlo.

¿Cuál es la realidad de las vacunas contra el COVID-19?

  • Las vacunas son seguras: Las distintas vacunas se diseñaron utilizando métodos y tecnología ya conocida, que ha sido desarrollada e investigada durante años previos. Es importante mencionar que para la validación y aprobación de éstas se cumplieron y llevaron a cabo todos los procesos adecuados.
  • Las vacunas son eficaces: Distintos ensayos clínicos han demostrado, que la vacunación nos ayuda a prevenir formas graves de la enfermedad y por lo tanto disminuye la mortalidad causada por COVID-19.

La vacunación contra el COVID-19, es de suma importancia para combatir esta pandemia, se menciona que debemos alcanzar una inmunidad colectiva en nuestra población del 70 -90%, para lograr evitar así la propagación del virus, y poder regresar a una normalidad. Como mencionamos previamente, la cifra de vacunación actual en Guatemala es menor al 1%, por lo cual, considerando que debemos alcanzar un porcentaje de vacunación de al menos 70%, realmente es una situación preocupante y alarmante. Es por ello por lo que debemos informarnos bien y educarnos con fuentes confiables acerca de los beneficios de la vacunación y no dejarnos llevar por información errónea, mitos o creencias; ya que la decisión de no vacunarme no sólo tendrá un impacto en mi salud, sino que afecta la salud de nuestra población. Recordemos que al vacunarnos nos protegemos nosotros y cuidamos al resto, así que cuando sea el momento espero que la decisión sea de vacunarse. 

Bibliografía:

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