HÉROES DE BARRO

por Relevancia Médica

A nuestros amigos rescatistas que, en vez de detenerse por la pena,
se fortalecieron con la desgracia de la erupción de Volcán de Fuego, para ayudar

Para cualquier persona es un privilegio aportar con lo que sea para ayudar a sus semejantes, pero en el caso de los rescatistas voluntarios que se ofrecieron para asistir a los afectados por la erupción del Volcán de Fuego, fueron protagonistas de un acto de heroísmo que rebasa la simple palabra y se adentra en las acciones, sin pedir nada, sin preocuparse de sí mismos, sino de a los afectados y lo que quedaba en los campos del desastre.

Por eso queremos contar la historia, según las noticias y fotos del percance, donde pusieron de sí, lo más preciado, la vida al servicio de los demás, sin pregonar, simplemente actuando el momento que en realidad era necesario, para salvar vidas.

Muchas gracias a ese puñado de hombres y mujeres que bregaron sin descanso en medio del desastre, buscando salvar vidas o llevar a sitio seguro a la víctima aturdida por los efectos de la erupción.

Dios les dio la fuerza para soportar el peligro, para escarbar entre los restos de la destrucción, con la energía del héroe que se roba el corazón y une al mundo en el espíritu de ayudar.

Bendiciones por hacer lo que muchos no pudimos, por tranquilizar a los que buscaban seguridad, por dejarnos ver que la prioridad siempre es la vida y mostrarnos que ayudar no tiene precio, sino valor.

Gracias por permitir que dejemos de lado las diferencias, por unirnos en la solidaridad que provocan los hermanos, siendo el ejemplo del deber cumplido que los anima, cobijados por el mismo cielo, parte todos de un mismo país.

Nada se puede comparar con lo desconocido y el fatídico dolor que a las víctimas doblega, producto inmerecido de un desastre inesperado que después solo nos asalta el rumor y la noticia.

El buen corazón del guatemalteco se hace presente en el mismo espacio del dolor y la presencia de la angustia; actúan con solidaridad como los grandes héroes que socorren para encontrar hermanos y salvar sus vidas en peligro.

Desde lejos tan solo con rumores nada podemos hacer, pero la ayuda desinteresada y del momento imprescindible, entrega la sociedad como una muestra de que no están solos.

Afortunados los que con un grano de arena han aportado, benditos los muchos que están perdidos o enterrados, pero el percance de hoy, perturbará el futuro del doliente.

La lección que queda del desastre es que cuando la desgracia es de muchos, la solidaridad de los guatemaltecos de corazón, está presente para ayudar a solucionar los problemas inmediatos, y los rescatistas nos dejan un mensaje digno de imitarse: no importa la geografía ni la nacionalidad, porque el alma está preparada para ayudar al ser humano necesitado; gracias señores rescatistas por sus acciones sin pensar en la pobreza o la riqueza, pero sabiendo que en ese momento, es donde todos somos iguales.

Guatemala, 19 de junio de 2018
René Fonseca Borja, Ecuador

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