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El sistema inmune y el covid-19

El sistema inmune y el COVID-19, entre la defensa y la enfermedad

El sistema inmune y el COVID-19, en enero de este año el New England Journal of Medicine en Boston (USA), posiblemente la revista más prestigiosa en el campo de la medicina reportó la aparición de lo que fue llamado un nuevo miembro de la familia de los coronavirus. Este nuevo virus, ahora conocido como SARS-CoV-2, se describió como el causante de una enfermedad denominada COVID-19 cuyos síntomas incluyen fiebre, tos, y fatiga.

Tradicionalmente, se había considerado a los coronavirus como agentes de poco riesgo, pues las cuatro especies conocidas que afectaban al hombre mayoritariamente infectaban el tracto respiratorio superior causando síntomas semejantes a los de una gripe o resfriado común. Esto cambió en 2003 con la aparición de SARS-CoV y años más tarde con la aparición de MERS-CoV. Ambos virus presentaban la particularidad de poder infectar el tracto respiratorio inferior, causando algo no antes visto para la familia de los coronavirus: Enfermedad respiratoria severa. Aunque no sabemos exactamente los mecanismos detrás de esta enfermedad, se sabe que en ella participa una respuesta inmune muy potente.

El sistema inmune innato, como la primera respuesta a una infección

La inmunología se encarga del estudio de la respuesta del cuerpo a la presencia de agentes foráneos, incluyendo los virus. Por la manera en que actúa, el sistema inmune puede dividirse en dos ramas: El sistema inmune innato y el sistema inmune adquirido. Una respuesta inmune innata es rápida, comienza a formarse minutos después de la entrada de un patógeno.

Asimismo, esta respuesta es no específica, atacando por igual a cualquier especie de patógeno. El sistema inmune innato consta varios componentes incluyendo moléculas llamadas citoquinas, cuya función es alertar al cuerpo en el momento de una infección y atraer a células cuya función será eliminar al patógeno invasor. Otro componente de gran importancia son glóbulos blancos (leucocitos) denominados neutrófilos.

El sistema inmune y el COVID-19

Los neutrófilos son atraídos por citoquinas y aunque han sido estudiados mayoritariamente en el contexto de infecciones bacterianas, sabemos que también se hacen presente en grandes números durante infecciones virales. Uno de los aspectos más importantes de estas células es que son muy reactivas, y su presencia es tan potente que puede resultar dañina para un tejido. La inflamación respiratoria severa causada por SARS-CoV-2, deriva en parte de la acción de citoquinas y la acumulación de neutrófilos en el tejido pulmonar. En casos extremos, se llega a obstruir la función principal de este órgano, el intercambio de gases (oxígeno y dióxido de carbono).

Existen otras complicaciones adjudicadas a COVID-19 entre las que están: complicaciones vasculares o pérdida del sentido del gusto y del olfato. Hará falta hacer varios estudios para confirmar estos efectos y para establecer las causas. Una causa posible, es que el virus afecte directamente otros tejidos, más allá del tracto respiratorio. Sin embargo, otra explicación puede ser el efecto de la llamada tormenta de citoquinas, que se refiere a la producción masiva de estas sustancias en el cuerpo, un evento común en casos de infecciones severas.

El sistema inmune adaptativo, una respuesta más eficaz

El sistema inmune adaptativo, consta de las llamadas células B y las llamadas células T. Para que una respuesta inmune adaptativa se establezca se necesitan aproximadamente dos semanas. Sin embargo, aunque pareciera una respuesta lenta, dos características hacen que esta rama del sistema inmune sea de gran valor para la salud: especificidad y memoria. Las células B y T no solo montarán un ataque en contra de un patógeno en particular (pueden reconocerlo), sino que, además, permanecerán en nuestro cuerpo por mucho tiempo, incluso años.

En resumen, cuando nos infectamos, el sistema inmune puede activar dos tipos de respuesta: Una respuesta inmediata (respuesta innata), que, aunque puede eliminar la infección, en muchos casos no es capaz de hacerlo. Cuando la infección no se elimina, vemos una segunda respuesta (respuesta adquirida), altamente específica y que se mantiene por mucho tiempo.

De esta manera, si visualizamos una infección como una guerra, cuyo origen es una invasión de territorio, podríamos decir que los primeros invasores se encontrarán con un ejército poco especializado que no reconoce al agresor, pero igualmente lo ataca. Este ataque, a pesar de ser muy rápido, puede no eliminar la invasión, y es cuando se llama a un segundo ejército, más especializado. Una vez el invasor es eliminado, este segundo ejército deja en el territorio a unos cuantos soldados que pueden recordar al agresor y alertar al cuerpo si éste regresa. Si el agresor regresa, tendrá una oportunidad casi nula de invadir pues será eliminado rápida y agresivamente en el intento.

El sistema inmune adaptativo y la esperanza de una vacuna

Las vacunas son consideradas la estrategia médica más exitosa en la historia de la medicina, pues pueden evitar que millones de personas puedan siquiera infectarse, es decir, actúan antes incluso de que haya enfermedad. Esta estrategia es preferida ante cualquier tratamiento, pues por lo general requiere de una (o pocas) aplicaciones iniciales y su efecto perdura por muchos años.

El sistema inmune y el COVID-19

¿Cómo funcionan las vacunas? Las vacunas hacen uso del sistema inmune adaptativo, engañando al cuerpo al exponerlo a una versión no funcional (por ejemplo, un patógeno inactivado o atenuado) de un agente infeccioso. Existen hasta el momento aproximadamente 90 candidatos para una vacuna contra el SARS-CoV-2. El objetivo es exponer el cuerpo a un componente del virus, o al virus mismo, pero sin que pueda causar infección. En el caso de una vacuna eficiente, se montará una respuesta adaptativa que generará protección a largo plazo para que cuando el individuo vacunado se vea expuesto al SARS-CoV-2 el virus no pueda infectarlo. El camino para diseñar, elaborar, y determinar que la vacuna sea segura y eficiente será arduo y requerirá de grandes esfuerzos. Una parte esencial de este proceso es la implementación de ensayos clínicos, realizados en tres fases.

La primera fase evalúa principalmente la seguridad de la formulación en un grupo reducido de personas.

La segunda fase evalúa seguridad y funcionalidad en un grupo más grande de personas.

Por último, la tercera fase, que se enfoca en funcionalidad, pero a nivel de miles de personas, para obtener un perfil más cercano a lo que debería esperarse, cuando la vacuna sea administrada a toda una población.

Hasta el momento existen dos ensayos clínicos en curso para probar dos vacunas contra SARS-CoV-2, ambos a nivel de fase uno. A pesar de los muchos esfuerzos para encontrar una vacuna que prevenga la COVID-19, puede ser que estos no funcionen o que funcionen de manera menos eficaz de lo esperado (que protejan a un porcentaje reducido de personas). Aunque pueda no ser el caso para el SARS-CoV-2, puede ser que pase mucho tiempo hasta que se encuentre una vacuna de alta eficiencia (que proteja a un porcentaje alto de la población).

Epidemiología y salud pública, una herramienta sólida contra la COVID-19

Una vacuna contra SARS-CoV-2 no es una alternativa a corto plazo, pues llevará varios meses desarrollarla. Por esta razón, también se están evaluando drogas que puedan actuar como profiláctico (que prevenga la enfermedad) o tratamiento (que acorte la duración de la enfermedad o la haga menos severa). Estas drogas podrían actuar como antivirales, afectando al virus mismo, o como inmunomoduladores, alterando la respuesta inmune. Sin embargo, uno de los problemas es que no sabemos con exactitud, qué componentes del sistema inmune necesitamos específicamente desactivar y que componentes deben mantenerse.

El sistema inmune y el COVID-19
Lic. Rodrigo González

Por el momento, no existe ningún antiviral o inmunomodulador específicamente prescrito para COVID-19. Sin embargo, podemos encontrar una gran ayuda en la epidemiología. La epidemiología trata del estudio de cómo una enfermedad se disemina en una población. Determinar cuántos infectados hay en un tiempo dado, o qué tan rápido puede infectarse una población, son asuntos que conciernen a esta rama de las ciencias de la salud. La epidemiología instruye al campo de la salud pública, cuyo objetivo es mejorar la salud de una comunidad.

Los estudios epidemiológicos sugieren que medidas muy antiguas como la cuarentena, instituida durante brotes de peste bubónica en Venecia, son de alta eficiencia. Asimismo, otras medidas para prevenir infecciones son sumamente valiosas, como el distanciamiento social, el uso de mascarillas, e higiene personal. A pesar de ser muy sencillas, estas medidas pueden cambiar el curso de una infección en una población y, en especial para poblaciones cuyos recursos hospitalarios son escasos, son la mejor o la única opción para prevenir un gran número de muertes.

El porcentaje de mortalidad de infecciones con SARS-CoV-2 es relativamente bajo, pero hay que tomar en cuenta que la eficiencia de transmisión es alta. Por lo tanto, aunque un porcentaje bajo de la población está en riesgo de morir por esta infección, habrá tantas personas infectadas, que ese pequeño porcentaje representa a muchas personas. El número de personas afectadas de manera severa puede ser tan alto, que el sistema de salud puede no darse abasto, como ya ha sucedido en muchos países. Es por esta razón que prevenir infecciones es imperativo.

Conclusión

El SARS-CoV-2 puede causar una enfermedad respiratoria severa que posiblemente deriva de los efectos no solo del virus mismo, sino también del sistema inmune que responde a la infección. Este mismo sistema inmune, sin embargo, será ultimadamente quien facilitará la eliminación del virus y la restitución de la salud. Cada día aprendemos algo nuevo acerca del virus y de la enfermedad que causa, pero nos falta mucho por aprender. Los esfuerzos por parte de virólogos, inmunólogos, médicos y profesionales de áreas afines darán origen a medicamentos que puedan controlar la enfermedad o, idóneamente, a una vacuna. Sin embargo, esto tomará tiempo. Por ahora, debe ser del interés de todos seguir los lineamientos establecidos a nivel de salud pública y epidemiología, pues estas estrategias son eficientes para disminuir el riesgo de infecciones incontroladas en nuestras comunidades.

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