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Los trastornos mentales y la atención que reciben

Los trastornos mentales y la atención que reciben

Los trastornos mentales, sigue siendo un tabú y un pendiente por resolver tanto a nivel social, como familiar.

¿Qué es un trastorno mental? 

La amplia variedad de significados y contenidos del presente tema nos obliga a explicar (de manera modesta) lo mucho y variado que puede significar el término “Trastorno mental”.

Puede referirse a una condición aguda y pasajera como por ejemplo: un estado emocional alterado secundario a un enojo menor o mayor y que provoque cambios significativos en las reacciones que las personas tienen en la vida cotidiana; a los cambios de actitud y/o conducta secundarios a el empleo de alcohol u otras substancias psicoactivas; puede también referirse a entidades estructuradas y nosológicamente descritas que engloben características permanentes (aunque sujetas a determinados cambios y variaciones), como los llamados “trastornos del carácter o de la personalidad”. También los cuadros crónicos de diversos padecimientos evidentes o no, que cualquier persona pueda padecer.

Asimismo, puede ser una palabra usada de modo informal para describir actitudes o acciones particulares de alguna persona, que resulta difícil de comprender o que en ese momento son reacciones impulsivas y con poca reflexión, realizadas por la persona en cuestión, refiriéndonos entonces a la frase popular de “estar trastornado”.

Parece que esta palabra toma diferentes acepciones dependiendo, no tanto de lo que suceda o se observe en alguien, sino de “quién la utilice”. Sabiéndose que no es igual que una madre le diga a una hija o un hijo “parecés trastornado”. A que un profesional de la Salud Mental anote … se trata de una persona que padece … un “trastorno mental”.

Trastornos mentales, científicamente observados

En esta ocasión haremos un recorrido por el tema desde el punto de vista de los trastornos mentales estadística y científicamente observados, y su relación con la atención de estos, que se hace en el mundo entero.

Sabemos que, lamentablemente, la atención que se ofrece en servicios de salud mental en la mayoría de los países no guarda proporción con el daño y sufrimiento que causan, tanto a la persona en sí, como a sus familias y a la comunidad en general que recibe una carga de individuos erráticos, mal orientados y poco efectivos en sus procesos de desarrollo, avance y eficiencia en la búsqueda de la felicidad y el progreso.

Los trastornos mentales y la atención que reciben

Carentes de estadísticas apropiadas y actualizadas, en primer término, se desconoce con exactitud tanto la cantidad de personas con necesidades de atención, así como la influencia que tales desajustes inciden en la familia y la sociedad.

Es conocimiento popular que, en toda institución, familia o en cualquier grupo humano, existen personas afectadas con el tipo de vida que estructuran; esto repercute indudablemente en el desempeño de sus labores y en general en las relaciones que se mantienen entre todos, no obteniendo la ayuda que necesitan en la mayoría de los casos, pues no se cuenta con los recursos ni la dirección para buscar la ayuda que se requiere.

Las estadísticas más importantes, para la información de salud, son aquellas que reflejan muerte y violencia, mientras que las enfermedades y los trastornos psiquiátricos poco “mortales” en un sentido descriptivo y estadístico, no son considerados como importantes en los reportes. Sabemos incluso que en los servicios de atención existe el hecho de pensar que “como son cuestiones psicológicas”, entonces no ameritan mayor atención.

Los trastornos mentales y la atención que reciben

Recuerdo en mis años de labor hospitalaria en nuestro país Guatemala, el uso de las siglas DNV (Distonía Neurovegetativa) para describir (de modo totalmente empírico) los trastornos psicológicos y/o emocionales, que eran discriminados (más por ignorancia y desconocimiento de cómo actuar para atenderlos) siendo manejados de modo ineficiente y hasta cruel por la manera poco científica de afrontarlos.

Este, es solamente un ejemplo de la forma cómo los trastornos psicológicos son derivados hacia “ningún lado”, pues podemos comprobar que en nuestro medio (que no difiere demasiado cuando vemos estadísticas mundiales) la manera cómo se manejan estos problemas en escuelas, colegios, universidades e instituciones de todo tipo por las personas responsables en la mayor parte de los países, siendo más deficiente, entre los pertenecientes al código de “en vías de desarrollo”.

En el Informe sobre el desarrollo mundial 1993, … se estima que los problemas de salud mental en todo el mundo producen un 8,1% de la carga global de la mortalidad (CGM), medida en años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD) perdidos, tributo mayor que el impuesto por la tuberculosis, el cáncer o las enfermedades del corazón.

La carga de los trastornos neuropsiquiátricos varía de 3,4% en los países al sur del Sahara a 8% en China y en la región de América Latina y el Caribe.

Se estima que, en el grupo de adultos de 15 a 44 años de edad, el 12% de la CGM se debe a trastornos neuropsiquiátricos; si a estos se agregan las “lesiones autoinfligidas voluntariamente” la CGM total para mujeres asciende a 15,1%; y para los hombres a 16,1% [Banco Mundial, 1993] De las enfermedades consideradas, los trastornos depresivos, las lesiones autoinfligidas, las enfermedades de Alzheimer y otras demencias y la dependencia al alcohol, causan la carga social más grande. Siguen en orden de importancia la epilepsia, psicosis, farmacodependencias y trastornos de estrés postraumático (TPPT). Tomado de publicación de la Organización Panamericana de la Salud, 1997.

Finalmente, dejaremos anotada la observación de la poca formalidad con la que los trastornos emocionales son considerados por las sociedades, hasta el extremo de dudar si los desajustes psicológicos y los cuadros psiquiátricos son, en verdad, enfermedades… lo que no facilita un abordaje serio y responsable que permita brindarles la atención que requieren.

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