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Detrás de una adicción hay un paciente, pero sobre todo hay un ser humano

por Monica Icuté Velasquéz
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Cuando hablamos de adicciones, sobre todo si creemos no ser adictos a algo o a alguien, nos es muy fácil señalar, juzgar y hasta condenar, asumiendo rol de testigo, juez y dios, viendo únicamente el pecado y no al pecador.

El tabaquismo, el alcoholismo, la drogas, los fármacos, el sexo, el trabajo y hasta las compras, entre muchos otros, ahora tienen un título lleno de cliché, que incluso si lo decimos en inglés, como por ejemplo: workaholic o shopaholic, es casi como ser el personaje principal de una película, aún más, si la rehabilitación se hace en el exterior tratando que no se escuche tan feo y delatador, decimos que la persona se fue a un rehab, en un mundo superficial y lleno de venalidad, esto es algo de lo que incluso se puede presumir.

Nuestro deber, como medio orientado al bienestar y salud de las personas, es promover todo aquello en pro de este, así mismo, pronunciarnos en contra de todo lo que no , ¿pero realmente qué es lo que no?, cuando caemos en cuenta que mientras los medicamentos o tratamientos para erradicar o controlar alguna enfermedad, pueden tener daños nocivos o reactivos en las personas y que finalmente mientras por un lado hace bien, por otro hace daño, que hay coadyuvantes sexuales orientados a personas mayores y quienes más llegan a las emergencias a pesar de las advertencias y limitaciones a su acceso, son los jóvenes, quienes además no lo necesitan, que hay enfermedades como el VIH cuyo método preventivo, cien por ciento seguro para no contraerlo, es por un lado la abstinencia y por otro la monogamia… el condón no es cien por ciento seguro, pero a cambio de nada, es el método preventivo más utilizado, ¿irónico o sencillamente natural, juzguen ustedes?.

Recientemente fuimos invitados a un foro sobre vapeo, sí nosotros, Relevancia Médica, parecía ser que de pronto estábamos desviando, de alguna manera desvirtuando nuestra seriedad, profesionalismo, ética y sobre todo a lo mejor vendiendo nuestra voluntad, nada más lejos de la verdad, pero sobre todo de la realidad, porque nos guste o no, somos parte de ella y más que confrontarla, debemos entenderla y respetar a quienes viven junto a nosotros dentro de esta.

Para quienes no fumamos y por el contrario, nos unimos a los comentarios, ataques, análisis, afirmaciones sobre lo dañino que es fumar, es muy difícil entender, primero, qué gusto y necesidad hay en hacerlo, segundo, por qué no pueden dejarlo y tercero, cómo la gente a su alrededor puede vivir con ellos, al menos para mí eran las tres preguntas básicas que me hacía, antes de pasar a ser madre de un fumador, la respuesta es muy sencilla, simplemente porque amas al fumador, aunque odies el cigarro y lo que este puede provocar en tu hijo.

Fue tanto lo que entendí y aprendí en este evento, que lejos de despertar en mí más señalamientos, me hizo reflexionar dándome cuenta, que todos de alguna manera tenemos un vicio o una adicción, que la mente es poderosa y nuestro cuerpo débil ante las órdenes que esta envía, escuchaba a los representantes de las distintas asociaciones, a los científicos, profesionales de distintas instituciones involucrados en el tema, sin embargo lo que más me impacto, fue la intervención de dos personas con dos puntos de vista totalmente diferentes, pero contundentes, al menos para mí: por un lado un profesional de la salud, que alego hipocresía, falsedad y una verdad oculta detrás del deseo de hacer ver el vapeo como algo cool, lo impactante y escalofriante,  fue cuando luego de su intervención, abusiva y poco profesional, le preguntaron si él era fumador, respondiendo…sí, pero de mariguana… el salón quedó en completo silencio, de verdad, sentí pena ajena.

Luego escuchando el testimonio de alguien que fue fumadora por 30 años, expresar lo mal que se sentía, lo mal que la trataban y la lucha sin resultados que mantenía para dejar de fumar, sólo venía a mí el rostro de mi hijo, las veces que le he reprochado el estarse matando a pausas y lo he rechazado por su mal olor, pero nunca le he preguntado, por qué lo hace, cómo empezó a hacerlo, o si quiere dejar de hacerlo, como solo he tenido un dedo señalándolo, palabras hirientes criticándolo, más nunca unos brazos abiertos y una voluntad dispuesta a buscar la manera de ayudarlo.

Aprendí, que lo que causa el cáncer no es la nicotina, que por supuesto sí, la nicotina es la que provoca la adicción, pero lo que provoca el cáncer es el humo, entendí que no me están diciendo que el vapeo es un método terapéutico para que mi hijo deje de fumar, sino que es menos dañino, entendí que mi hijo necesita no que aplauda y le diga que siga fumando, que igual siempre va a ser mi hijo, sino lo que mi hijo necesita, es que le diga, pero sobre todo que le demuestre que lo amo y que así como me ocupo de buscar fuentes fiables y de autoría profesional, para orientar al homosexual, al paciente con VIH, al diabético, al hipertenso, al depresivo, a la bulímica y a la anoréxica, al que tiene cáncer, quienes independientemente de lo que los haya aorillado a estos padecimientos, siguen luchando por su vida, por vivir, seguiré buscando opciones para  orientar a mi hijo, el fumador, a que encuentre el mejor camino y paso a paso deje de fumar, pues como en todo lo que aqueja la vida y la salud de las personas, detrás de una adicción, hay un paciente, pero sobre todo, hay un ser humano, que merece respeto y una nueva oportunidad.

Abrámosles nuestra mente, pero sobre todo abrámosles nuestro corazón, no solo nosotros sufrimos, ellos también y lo peor de todo… ¿quién sigue siendo su fiel compañero?

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